Por primera vez en nuestros veinte años de vida asociativa, un documento congresual se
traduce a las lenguas de los muchos países en los que estamos presentes, se difunde
entre los socios, los convivia y las comunidades, se envía a los medios de comunicación,
a las instituciones político-culturales y a otras organizaciones que actúan en el frente de la
defensa del ambiente, de los bienes comunes y de los derechos primarios. La esperanza
es que el documento consiga favorecer un gran debate mundial anterior al Congreso y
servir de ayuda a las ideas y a las prácticas de los diferentes territorios.
La intención es que permanezca como un documento abierto, útil para estimular el gran
potencial que representamos en el mundo gracias a una diversidad que unificamos en la
fraternidad, el sólo elemento en grado de abarcar la complejidad del mundo.
La diversidad no se gobierna sino que se ama, la compartición de las ideas es un acto de
libertad, y por eso unión y diversidad pueden marchar unidas y así progresar.
El Manifiesto de Slow Food, redactado con poesía e inteligencia por Folco Portinari y
subscrito en diciembre de 1989 en París por los fundadores del movimiento, fue el primer
capítulo de un pensamiento hoy compartido en todos los rincones del planeta. Su
originalidad es actual aún hoy, y ha inspirado la historia de Slow Food. El derecho al
placer, la importancia de recuperar ritmos de vida conscientes, el valor de la biodiversidad
cultural, son los temas sobre los que se han formado al menos dos generaciones de
dirigentes.